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Cara y Cruz del sector inmobiliario

Autor: Alicia Serralta de Colsa15/02/2010

Aunque esto es cierto, cada economía tiene sus propias particularidades, por lo que el impacto se ha vivido de manera e intensidad diferente, según un informe del Banco de España en el que realiza una comparación de los ciclos inmobiliarios recientes.

Desde mediados de los 90, las tres economías experimentaron el auge del sector inmobiliario. El aumento de la demanda disparó los precios de los activos residenciales. En este periodo, en países como Alemania o Japón no se produjo un ciclo inmobiliario alcista. Pero la reacción de la oferta al dinamismo de la demanda no se produjo de forma homogénea en las América, España y Reino Unido.

En la Estados Unidos, y en menor medida en Reino Unido, proliferaron las entidades especializadas en el negocio hipotecario, casi sin regulación bancaria y controles de riesgo. De esta forma, se concedían créditos a familias con alta probabilidad de impago puesto que los criterios de concesión eran muy básicos. Es así surgió el conocido fenómeno "subprime", que desató la crisis inmobiliaria en Estados Unidos primero y después en el resto del mundo, principalmente en España.

En España, las entidades financieras fueron más cuidadosas en cuanto a la política de concesión de créditos, por lo que la crisis inmobiliario tardó más en llegar.

La evolución de la oferta y la demanda se trasladó a los precios de la vivienda, que crecieron también en distinta medida en los diferentes lugares. Por lo que en España, entre 1997 y 2009, crecieron un 114% cuando en el Reino Unido, aumentaron un 134%.

También, a partir de 2007, la importante corrección de los precios de la vivienda se produjo de manera muy distinta en cada uno de los tres países. Mientras que América y Reino Unido experimentaron un ajuste más abrupto, con caídas del 33% y del 16% desde los niveles máximos hasta el tercer trimestre de 2009,el descenso de precios en España ha sido algo más moderado, del 12%.

Adicionalmente, las variaciones de la riqueza inmobiliaria afectan al consumo de las familias, por el llamado "efecto riqueza". En Estados Unidos, la contracción de la actividad inmobiliaria y constructora y las menores expectativas de revalorización de la vivienda disminuyeron considerablemente la financiación para el consumo de la que dependían muchos hogares americanos. Este problema se trasladó también al Reino Unido mientras que en España, el impacto afectó al gasto de las familias españolas e impulsó el ahorro.

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